¿Cómo funciona el Sistema Inmune? Tus defensas “a punto”

Publicado: 30 marzo, 2020 - Actualizado: 18 septiembre, 2020 | 4'

Nuestro organismo está expuesto constantemente a la potencial invasión de numerosas sustancias patógenas, como lo son los bacterias, virus u hongos, de allí la importancia de tener un buen funcionamiento de nuestro sistema inmune.

La alimentación ejerce un papel importante en el desarrollo y preservación del sistema inmune. Por tanto, es fundamental tener una dieta balanceada y adecuada, para que la capacidad de acción del sistema inmunológico sea la óptima y pueda combatir eficientemente no solo infecciones, sino que además el buen funcionamiento inmune repercute en funciones importantes como la salud mental y la regulación hormonal.

¿Quieres ayudar a tu sistema inmune? Cuida tu alimentación

La Organización Mundial de la Salud determina que “la nutrición es uno de los pilares de la salud y el desarrollo. La mejora de la nutrición pasa por promover la salud de niños, madres, jóvenes y adultos; reforzar nuestro sistema inmunitario; disminuir las complicaciones durante el embarazo y el parto; reducir el riesgo de sufrir enfermedades no transmisibles (como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares), y prolongar la vida.”

La relación existente entre el estado nutricional de una persona y su resistencia a padecer infecciones es un hecho ya conocido desde 1846, cuando se determinó que los niños malnutridos presentaban una disfunción de linfocitos (un tipo de glóbulos blancos), con el consiguiente deterioro del sistema inmune que no podía defender al organismo del ataque de patógenos.

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¿Qué es y cómo funciona el sistema inmune?

El sistema inmune o inmunológico es una compleja red de defensa de nuestro cuerpo, que comprende tejidos, células y órganos, contra agentes externos agresores potencialmente patógenos (bacterias, hongos, virus, polen, elementos químicos, etc.). Estos agresores externos van a ser reconocidos y eliminados por el sistema inmunológico mediante una secuencia organizada de reacciones o mecanismos de defensa.

De forma general, los mecanismos de defensa o respuesta inmune pueden ser de tipo inespecífico y específico:

  • La respuesta inmune inespecífica constituye la primera línea de defensa, siendo de importancia frente al combate de las infecciones. La componen las barreras naturales, tales como la piel, mucosas, las enzimas de la saliva, lágrimas y secreciones nasales que tienen capacidad de impedir o romper la integridad de virus, bacterias u otros.
  • La respuesta inmune específica o adquirida solo se desarrolla cuando hay una exposición previa al agente extraño (antígenos) y en ella participan prioritariamente los linfocitos (glóbulos blancos) y las sustancias liberadas por los mismos, anticuerpos y citoquinas.

La principal función del sistema inmunológico es, por tanto, defendernos de las infecciones, pero ello lo ejerce en forma integrada, anatómica y funcionalmente, con el sistema nervioso y el sistema endocrino. Un ejemplo palpable de esta integración entre los tres sistemas es el hecho comprobado de cómo situaciones de ansiedad, depresión y estrés emocional se acompañan, muchas veces, de mayor susceptibilidad a padecer infecciones y otras enfermedades.

¿Qué factores afectan al sistema inmune?

Los principales factores que pueden afectar a nuestras defensas son la mala alimentación, los cambios de estación, el consumo de ciertos medicamentos como los antibióticos o algunas enfermedades crónicas.

Hábitos del estilo de vida también influyen en gran medida en el buen estado del sistema inmunológico, como por ejemplo situaciones prolongadas de estrés o ansiedad, falta de actividad física o el consumo de alcohol y tabaco.

¿Cómo puedo saber si tengo un buen funcionamiento de las defensas?

Hay algunos signos o síntomas que pueden indicar que las defensas del organismo no están en “forma” y es importante prestarles atención:

  • Cansancio excesivo.
  • Debilidad del cabello o caída excesiva.
  • Infecciones recurrentes como los herpes.
  • Ojos secos con frecuencia.
  • Enfermedades simples que tardan más de lo habitual en mejorar como la gripe.
  • Diarrea.
  • Heridas que tardan demasiado en cicatrizar.

Es por esto por lo que cuidar la alimentación durante todo el año es fundamental para evitar un debilitamiento de manera acentuada o muy prolongada de nuestras defensas.

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¿Qué necesita el sistema inmune para mantener un buen estado funcional?

Los alimentos en su conjunto y los nutrientes que los componen ejercen un papel fundamental en el desarrollo y mantenimiento correcto del sistema inmune.

Por tanto, los nutrientes que incorporamos a nuestro cuerpo a través de la dieta influyen en la actividad y buen estado del sistema inmune, denominándose a esto inmunonutrición. Los nutrientes tienen propiedades inmuno-moduladoras, es decir, su presencia y disponibilidad es clave para que se lleve a cabo con normalidad la actividad inmunológica, debido principalmente a dos aspectos:

  • Para la producción de nuevos elementos inmunes para el correcto desarrollo de respuestas inmunológicas (por ejemplo, los aminoácidos son necesarios para la producción de proteínas durante la fase aguda del sistema de defensas), y
  • Por su utilización en los fenómenos de producción de nuevas células inmunológicas, para construir “un ejército” que ataca y elimina el patógeno invasor.

En personas con ciertas deficiencias nutricionales la respuesta inmunológica se ve disminuida y ante un proceso de inflamación aguda y/o crónica el gasto energético y el estado nutricional se alteran.

Pautas para el buen funcionamiento del sistema inmune y mantener a punto tus defensas

En resumen, para mantener en buen estado tu sistema de defensas es recomendable seguir algunas sencillas pautas:

  • Seguir una dieta variada y equilibrada, basada en alimentos ricos en vitaminas y minerales.
  • Dormir al menos ocho horas diarias y garantizar un buen descanso.
  • Practicar ejercicio físico.
  • Mantener un ritmo de vida más relajado en la medida de lo posible, evitando situaciones de estrés.
  • La dieta puede ser complementada con el objetivo de mantener el normal funcionamiento del sistema inmune.


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